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Es violado el ensueño de la Antela.
Doblarán a muerto por la Poesía y el triunfo de la economía
las campanas sumergidas. ¿Dónde posarán los flamencos
- rosa y las garzas, mensajeros de los deltas del Danubio y de los lagos,
de pupilas nubladas de fantasía, del Báltico? No nos asustemos
demasiado. Si en vez de nuestras ¨lagunas pontinas¨ se doran grandes
trigales la ciudad ¨asulagada¨ queda en el fondo del alma de Galicia,
en la geografía y paisaje, inaccesible a las máquinas, de
su espíritu.
Quien mejor conoce la Antela, el ingeniero y arqueólogo Conde Balvís,
se despidió de sus cristales melancólicos, de su suelo dormido,
hace poco tiempo. Y su hermoso estudio suena, sin quererlo su autor, a
elegía y canto de adioses.
No intentaremos ni aun el esquema de los intentos y trabajos anteriores.
Sólo apuntaremos algunas. La Galicia del XIX pensó en rescatar
dos tesoros: la plata de los galeones de Redondela y la riqueza cereal
de La Limia.
La idea es antigua. En 1831 publicó el docto, simpático
y famoso canónigo-cardenal, aun no deán de Orense, don Juan
Manuel Bedoya, en la ¨oficina¨ de Pazos, su ¨Memoria sobre
el desagüe de la laguna de Antela o de la Limia, en la provincia
y Obispado de Orense y Reino de Galicia¨. La conoció cuando
desterrado por pasiones políticas habitó con los buenos
franciscanos del Bon Jesús de Trandeiras que tenia caminos de zarzales
entramados sobre el fango de la laguna. Los trabajos de desecación
se habían comenzado con los donativos del espléndido mecenas
don Manuel Fernández Varela, comisario de Cruzada de Fernando VII,
de los concejos del país, y de del obispo señor Iglesias
Lago. La idea, si no nació, se fortifico en la tertulia del obispo-cardenal
señor Quevedo en cuya amable órbita comenzó Bedoya
su vida orensana.
Ya en el famoso libro de Labrada ¨Descripción económica
del Reino de Galicia¨ se menciona la voladura de las peñas
por la ¨ponte Liñares¨ para dar salida a las aguas acrecentando
el caudal del río. Se ¨formó¨ un mapa. El alma de
la obra fue el corregidor de Ginzo Ldo. D. Julián Toubes. Estaba
al frente de la empresa en 1832. Muchos años después el
Ldo. Toubes, juez de Celenova, recuerda, en 1847, contestando a los que
le acusaban cómo se desecó parte del área inundada,
se rectificaron cauces y se abrieron caminos. Trabajó personalmente
al frente de los vecinos de cuya simpatía disfruta por haber estado
en las obras con ellos pasando frío, humedades y hasta sin comer,
sigue diciendo en su escrito del 13 de enero del año citado. Salió
en el Boletín Oficial de Orense.
Sentimos no tener a mano el Diccionario de Madoz, cuyo artículo
sobre la Limia, contiene interesantes datos.
Los trabajos de desecación sirvieron, como todo sirve en tal ocasión,
para la guerra. En octubre de l837 los carlistas de Guillade, que traía
por segundo a un don Juan Antonio de Garabelos de Baltar, y fiaba en un
gran movimiento tradicionalista en La Limia, se atrincheraron en Ordes
en las obras de desecación y sostuvieron con las fuerzas constitucionales
del comandante de operaciones en el país, don Juan Gualberto Corcuera.
No deja de tener relación con estos recuerdos la empresa que en
1847 se formó para desecación y riegos con el título
un poco de cabalgata carnavalesca de ¨La Nereida fertilizadora¨.
Sin recordar otros intentos como el de una aristocrática extranjera,
no olvidemos el libro de don Francisco Javier Mugártegui y Parga
¨La empresa para el desagüe y saneamiento de la laguna Antela
a los pueblos de la Limia¨ publicado en 1866 en Orense.
Terminemos con una evocación de Vicetto. Es de la fantasía
novelesca ¨El lago de La Limia¨. La profecía de las sibilas
tejedoras vuela sobre el lago que refleja ¨como una inmensa placa
metálica los tres formidables castillos¨: al nacer la niña
predestinada ¨las aguas de la Antela se rizaron como las de los mares,
los ¨gayos¨ cantaron tristemente, los castillos se entrechocaron
en el fondo como si lucharan entre sí y las negras nieblas del
Buen Jesús y de Lodosedo los borraron del paisaje que se reflejaba
en su oscilante linfa¨. |